La Leyenda del Rincón del Diablo en Guadalajara

Rincón del Diablo Guadalajara

Nuestro país, a diferencia de otros que forman parte de Latinoamérica, es sin duda un sitio donde al menos cada estado tiene una leyenda que lo caracteriza.

En Jalisco no hay excepción. Y es que lo que hoy conocemos como la Secretaría de Turismo del Estado de Jalisco (ubicada sobre la calle Morelos #102 en el mero Centro de Guadalajara), años atrás fue llamado como “El Rincón del Diablo” por los satánicos sucesos que se registraron en ese lugar.

Las novicias del Convento de Santa María de Gracia fueron testigos de actos impuros y sacrílegos que provocaron terror durante algún tiempo.

Era la época de la santa inquisición, una de las paredes de aquel convento -que también era parte del departamento de la maestra de novicias- chocaba con un angosto, tétrico y obscuro callejón: “el Ahorcado”; donde un adúltero de apellido Lemus se colgó ahí.

Una noche, la religiosa escuchó gritos blasfemos. Un aquelarre frente a la puerta de una casucha que ocupaba el rincón, se llevaba a cabo. Había una larga mesa con paño de tumba, donde cuatro velas negras apoyadas sobre cráneos humanos, alumbraban a varias mujeres de cabellos rebeldes que sostenían copas con un brebaje misterioso, que al mismo tiempo azotaban fuertemente a un Santo Cristo de Marfil tendido sobre una sacrílega mesa; y que con sus inconmovibles miradas suplicaba gracia y favor de aquellas brujas. Varios bultos envueltos en largos y negros mantos se arrastraban por el callejón, que, al ser descubiertos, se apreciaron caballeros y mujeres hermosas entregándose a darle culto al Diablo al grito de: “Dense al Rey”. Ahí se oficiaba una funeraria misa

A pesar de sus años y sin importar la hora, mandó llamar al mayordomo del Convento -un respetable sacerdote-, cuya misión era dar noticias al Obispo de Guadalajara de lo acontecido. Esperando la siguiente noche, los oficiales del Santo Oficio traídos por el Obispo de la Diócesis sorprendieron a aquellos bichos que a tan judía ceremonia se entregaban. Desenvainaron apresuradamente sus espadas dando inicio a un rudo combate entre los brujos y los inquisitoriales, quedando la victoria de parte de éstos.

Durante mucho tiempo al oír del Rincón del Diablo, los habitantes de Guadalajara se persignaban y, decían: “Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar”. Evitando pasar por ese lugar. Y cuando tenían que pasar por ahí, se acompañaban de alguna “santa reliquia o provistos de una redomita de agua bendita”.

Ahora, cada que pases por dicha Secretaría, tendrás presente que ahí surgió “La leyenda del Rincón del diablo”.

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